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Selección de notas | Primera parte

Ricardo Darín: la figura que asegura el éxito

SUPLEMENTO ANIVERSARIO | El famoso actor dejó su testimonio en la edición especial que se emitió el domingo pasado. "Hoy sería un éxito rutilante lo que en los '80 podía ser considerado un fracaso", dijo.

-Suplemento: lea todo el suplemento aniversario de la ciudad.
-Fotos: imágenes de Ricardo Darín en la entrega de los premios Estrella de Mar.
-Video: vea el trailer de "XXY" la película que protagonizó y compite por el Oscar.

 

13.02.08


Este verano Ricardo Darín se puso a sacar cuentas. Notó que hace 30 años empezó a hacer temporadas en Mar del Plata y que si sumara todo el tiempo que le dedicó a eso, pasó varios años de su vida viviendo en esta ciudad. "Me siento como en mi casa. Cada vez que vuelvo, de inmediato me acuerdo del nombre de casi todas las calles", le cuenta a LA CAPITAL. Este verano la obra en la que trabaja junto a Germán Palacios y José Luiz Mazza, ART, es una de las de mayor éxito. También es una de las más prestigiosas. Está lejos de ser como la que le tocó hacer en plena juventud, cuando formaba parte de los "galancitos" y el público deliraba en la puerta del teatro La Campana. En aquella época Mar del Plata significaba para él trabajo, fútbol, noche y Casino. Hoy, el trabajo sigue siendo su prioridad, aunque disfruta de otras cosas: truco, medialunas, playa y familia. "Son cosas de la edad", bromea.
"Obviamente los primeros recuerdos que tengo de Mar del Plata son de cuando empecé a trabajar. El otro día hacía cuentas con Florencia, mi mujer, y le decía que me manejaba en Mar del Plata como si estuviera en mi casa. Me di cuenta de que cada vez que vuelvo de inmediato se me refresca el mapa de la ciudad, recuerdo de inmediato el nombre de las calles. Preguntándome a qué se debía eso noté que hace 30 años empecé a trabajar acá y eso es mucho tiempo. Hice muchas temporadas, creo que fueron entre 14 ó 16. A tres meses por cada temporada sumo años viviendo acá. Sin contar que tenía una casa en la que podía disfrutar de Mar del Plata en el invierno. Tengo un lote de recuerdos muy groso, porque acá pasaron cosas importantes para mi desde todo punto de vista. Profesional, afectivo. Estoy profundamente relacionado con esta ciudad", dice Darín minutos antes de salir a escena en el teatro Atlas.
-Imagino que en cada momento de tu vida venir a hacer temporada a Mar del Plata signifió poder hacer cosas distintas. ¿Cuál era el plan siendo jóven?
-La primera vez que vine tenía 19 años a hacer Espía por Amor con Satur y Graciela Alfano en el Tronador. En esa época la temporada era de tres meses y con los años se empezaron a acortar. El turismo en general empezó a tener otra dinámica. La expectativa era la de un adolescente que se mudaba tres meses a un lugar; con toda la cancha por delante. Además el ritmo era demoledor. Yo trabajaba, salía todas las noches -cosa que ya no hago- y además iba mucho al Casino. Tenía la manzana rodeada.
-Dilapidabas la temporada
-Yo sí; yo dilapidé muchísima guita. Lamentablemente hice cagadas muy grosas acá. Pero por suerte eso ya pasó. Me pude enderezar un poco, pero costó muchos años.
-¿Con los años cambió el clima que se vive en la puerta de los teatros?
-Acá vienen cholulos a la salida. No hay a la entrada. Pero eso depende mucho del espectáculo que estés haciendo.
-La obra de los "galancitos" tuvo ese perfil.
-¡Uuuh, los galancitos!. No se puede explicar con palabras porque fue demasiado raro. Para mi el periodismo cuando vio que era un fenómeno decidió hacer un juego a dos bandas. En esa época Los Galanes era un clásico muy fuerte de la temporada con Brédeston, Bebán, Satur.., que eran los líderes de taquilla. Yo interpreté que por otro lado aparecimos nosotros, con 20 años, generando algo que no pasaba en las puertas de los teatros. Sí se armaba lío cuando venía un músico, pero con los actores no solía haber 4 ó 5 veces más de gente afuera que adentro del teatro. Cuando el periodismo captó eso nos puso el mote de "galancitos", que en algún punto era peyorativo para con nosotros, pero era un tiro por elevación para los galanes.
El periodismo convirtió a eso en un boom y convirtió en un fenómeno la obra, que se llamaba La Vida Fácil.
-Nadie recuerda el nombre de la obra...
-Yo sí y recuerdo la obra de de pe a pa. Pero es verdad, ya nadie se acuerda del título. Obviamente el boom era lo que se había edificado alrededor de la obra y eso fue lo que perduró. Nunca más hubo un fenómeno así. Después aperecieron otros grupos de actores jóvenes que pretendían ser galancitos pero lo nuestro nunca se repitió. No podíamos ir a ningúin lado, lo que indefectiblemente nos llevó a creer a esa edad que éramos los Beatles. Fue muy gracioso en la época.
-¿Se manoteaba algo en la puerta?
-¿De rescatar para uno?; ¡no!. Era un infierno, imposible, si teníamos que andar con policía. Era muy dificil entrar y salir del teatro. Además el problema era que el teatro en el que se hacía la obra era La Campana, un sótano con unas 380 localidades. En la calle había 3 mil personas. Estaba tan cerca de la Peatonal que ese lugar era un foco de atracción. Todo el mundo pasaba por ahí para ver el fenómeno que se producía en la puerta, de modo que era una bola de nieve. Teníamos que entrar y salir con la policía. Para poder ingresar nos reuníamos todos en un lugar, que nunca era el mismo y la gente del teatro había contratado a unos tipos que nos alzaban y nos metían para adentro de la sala. Una vez entré con el culo al aire porque de los tironeos me sacaron los pantalones.
-¿Se repitió el mismo fenómeno cuando la obra siguió de gira?
-Había una especie de delirio. Pero en Mar del Plata convergieron varios factores. Primero el periodismo le metió mucha leña, pero el verdadero problema y lo más desopilante pasaba acá. Al estar tan cerca de la Peatonal todo el mundo iba a la puerta del teatro. Son cosas prototípicas de Mar del Plata. Acá, sobre todo en esa época, había una receta que incluía obras comerciales y un público que venía de todo el país. Ni siquiera en Buenos Aires había los bardos que acá.
-La movida teatral de los '80 era más tumultuosa.
-El otro día leía un análisis en un diario, donde un tipo decía que hoy sería un éxito rutilante lo que en aquella época podía ser considerado un fracaso. Si en los '80 una compañía metía 50 ó 60 mil espectadores no era algo para celebrar. Con Sugar en la temporada, desde el veintipico de diciembre hasta marzo hicimos 137 mil espectadores. Esos son números que hoy no se manejan.
-¿Qué cambió?
-La información que yo recojo es la misma que cualquiera, charlando con amigos, vecinos de playa. Me da la sensación de que los dueños de casas y departamentos están un poco confundidos con los valores. De ahí que me haya parecido muy bien que el gobernador haya pedido moderación con los precios. Es una pena porque desde todo punto de vista Mar del Plata, por la gran oferta que tiene, debería ser más económica que Brasil.
-¿De qué disfrutas cuando estás acá?
-Hay una diferencia muy clara entre lo que hacía años atrás y lo que hago hoy. Ya no juego al fútbol, no fui nunca más al Casino, ni salgo a la noche. Son cosas de la edad. Acá se come muy bien, la panadería y las medialunas son un clásico. Alguna intervención del agua tiene que haber, ¿no?. Hay lugares donde se come muy bien, he ido a tantos lugares que me da pudor olvidarme de alguno. Mar del Plata para mi significa trabajo, tengo la atención puesta en eso y en tratar de que mi familia la pase bien mientras estemos acá.
-¿Qué experiencias cinematográficas recordás haber tenido acá?
-En la temporada de Espía con Amor yo hacía teatro a la noche y filmaba a la mañana en Miramar. Con lo cual no servía ni para espiar, era un porquería. Muchos compañeros se acuerdan que ese verano me quedaba dormido en una charla. Además se hacían dos funciones, de martes a domingo.
-¿Qué filmabas?
-Creo que la Playa del Amor
-¿Que recuerdo tenés de eso?
-Feo. Estaba muy pasado de sueño. Un día me citaron a filmar muy temprano y mi vieja me llevó en auto para que no manejara. Llegué al rodaje y se habían equivocado, me habían citado tres horas antes. Me tiré en un médano y me dormí durante tres horas. Terminé todo ampollado. Filmé como pude. Pero a la noche en el teatro, con todos los focos y la ropa del personaje, que era de invierno, fue un sufrimiento terrible. Mientras, la gente me decía que me pusiera tomates o vinagre. Horrible.
-¿Y de la filmación de Kamchatka que recordás?
-Filmamos en la sierra y en un negocio en una ruta e hicimos base en Mar del Plata. Eso fue un placer porque fue filmar cuando no había nadie, no había que hacer cola para nada. Me acuerdo de las colas en Montecatini, ¿sigue existiendo?
-Sí, y en la cola debe estar el mismo tipo al que viste la última vez.
-Ja ja. ¡Que colas terribles que se hacían ahí!. Cuando yo tenía 14 ó 15 años venía con una familia amiga que tenía un departamento en la calle Rivadavia. Me acuerdo de la atmósfera que se vivía, de salir a la noche a comer, de hacer cola y me fascinaba que hiciera frío. Me encantaba salir con un saquito a la noche porque refrescaba.
-Típico de Mar del Plata.
-Es típico de Mar del Plata. Pero me causan gracia muchas otras cosas típicas de Mar del Plata. Me causa risa, y lo entiendo, que cuando esté nublado Juan B.Justo se llene de gente comprando camperas y pulóveres. Debo reconocer también que me ha sorprendido el cartel que dice "Bienvenidos a la Capital de Pulóver". ¿Los textiles pujaron mucho por poner ese cartel, no?.
-Seguramente.
-Mar del Plata es capital de muchas otras cosas también. Es la "Capital Nacional del Alfajor", "Capital Nacional del Cornalito".
-Ahora es Capital Nacional del Surf
-Si estos vientos siguen así vamos a convertirnos en Hawaii. Yo creo que el viento se inventó en la esquina de Luro y Corrientes. Más allá de la broma Mar del Plata es bellísima, muy linda a mi me encanta. ¡Lo que debe haber sido la época de la rambla de madera!. Cuando veo las fotos no lo puedo creer, eso tuvo que ser maravilloso.
-¿Qué quisieras ver mejor?
-Lo del Hotel Provincial me encoge el corazón. No lo puedo creer. Por todo lo que significó y todo lo que podría significar en ese punto, que hoy es un hueco negro. Entiendo que no es fácil adoptarlo. Pero a mi me da pena ver como está. Fue un gran dolor para mi en el corazón cuando vi -me van a odiar por esto- la construcción de las moles de cemento en Punta Mogotes. No puede ser que lo que mejor que haya para ver, que es el mar, sea tapado por un bloque de cemento. Tal vez algo más importante que mi pena haya justificado hacer eso.



   
 
   
 
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por Pablo Duville