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Recomendaciones para que los chicos se familiaricen con la literatura

Gran desafío para los padres: formar futuros lectores

Una especialista en literatura infantil sugiere cómo estimular a los niños en el fascinante mundo de la lectura. La edad ideal para empezar a acercarse a la actividad, la pelea con la televisión, el acompañamiento de los mayores y por qué los animales están tan ligados a las historias para chicos.

 


23.04.07
 
por Paola Galano
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paolagalano@lacapitalmdq.com.ar

Desde pequeños se los acostumbra a comer en familia y alrededor de una mesa. Cuando empiezan a hablar, se les enseña a saludar a los mayores, a decir "gracias" y a pedir "por favor". En la, a veces, ardua tarea de la crianza, los padres les enseñan a caminar y a incorporar los hábitos del sueño. Al igual que ocurre con esos aspectos, que harán del pequeñín un adulto integrado a la cultura en la que vive, la costumbre por la lectura también se aprende. El lector voraz y de largo aliento tal vez encierre a un niño tempranamente estimulado desde el hogar en las prácticas lectoras. Ahí la clave para lograr personas interesadas en la literatura, aunque, claro, no se trata de una receta perfecta.
Con una larga carrera en las aulas marplatenses de diversos niveles, desde la formación de docentes a la de bibliotecarios, e integrante a partir de 2005 de la asociación civil "Jitanjáfora", que está especializada en la promoción de la literatura infantil, la profesora Elena Stapich enfatiza en las cuestiones que, desde la casa, los padres pueden implementar con el objetivo de ir acercando el mundo de los libros al de los chicos.
Para comenzar, deja en claro un aspecto: un libro no es un juguete. Por lo tanto, es necesario que los padres acompañen a los niños en la tarea de la lectura, aún cuando éstos todavía no hayan aprendido a leer. "El hábito de contar un cuento se fue perdiendo. Es una tarea que requiere un cierto tiempo y yo no sé si es porque nos llenamos tanto de compromisos y estamos tan apurados, que pasa con el libro lo mismo que pasa con cualquier otra cosa: vos le comprás un libro a tu hijo, se lo das y te retirás. Y el objeto en sí mismo no puede hacer nada. Uno tiene que donar el tiempo para que ellos puedan vivir esta experiencia: un adulto dispone de un tiempo y se lo da sin pedirle nada a cambio", indica.
* El comienzo. Para la especialista, a partir de que el bebé logra sentarse y libera sus manos, hecho que ocurre alrededor de los seis meses, está listo para iniciar el viaje literario. "Puede empezar a mirar libros dedicados a los más chiquitos que vienen en materiales más duraderos, como cartón o tela. Aunque algunos especialistas indican que los libros pensados para bebés no son libros, porque están hechos de plástico, son acolchados, hacen ruiditos y se parecen más a un juguete. Y si uno quiere que el chico se vaya acostumbrando al libro, tiene que darle algo que sea lo más parecido a un libro".
Stapich señala que las prácticas lectoras también implican introducir al pequeño en "la cultura escrita". "Si vos hacés que el chico sea socio de una biblioteca, o vas una vez por mes a una librería para que elija algo, lo acostumbrás a regalar libros o lo llevás a la Feria del Libro, todo eso que no es lectura en sí misma ayuda a conformar al lector".
* Cuando aprenden a leer. La docente recomienda que las sesiones de lectura compartidas se extiendan aún después de que los pequeños aprendan a leer. "Cuando los chicos empiezan a leer no es momento todavía para dejarlos solos con un libro, porque solos pueden leer cosas muy cortitas, muy sencillas y las historias que quieren escuchar no las pueden encarar solos", señala y aconseja que esta experiencia se repita también en la adolescencia. "Cada uno puede leer su libro y después (padre e hijo) pueden compartir o comparar las lecturas, qué le pareció a uno y qué le pareció a otro".
* Rivalidad con la televisión. Eterno enfrentamiento: la cultura escrita versus la audiovisual. Para esos casos tan comunes en el seno del hogar, Stapich apela a la inteligencia. "No hay que decirle al chico 'los libros son buenos y todo lo demás es una porquería'. Ese es el error más grande, hay que integrar, ver si se puede mechar una cosa con la otra. Está bueno buscar cosas en internet y también está bueno leer algún libro interesante. No son cosas que haya que elegir al estilo 'si sos de River no sos de Boca'. No son incompatibles", sugiere.
Madre de tres hijos y, a su vez, lectora incansable, la docente reconoce tener dudas sobre ciertas ideas instauradas con fuerza, como que "antes se leía más".
"A mí me parece que no es verdad -dice-. Siempre los lectores fuimos una minoría y muchos hemos sido lectores porque antes teníamos más tiempo libre, más ocio y aburrimiento".
* La función de los animales. "Siempre hubo animales en la literatura infantil, animales antropomorfizados. Una hipótesis posible es que algunas cuestiones no resultan tan crudas, como cuando aparece la muerte, la persecución. Los animales han servido para enmascarar las cuestiones de la vida, los animales permiten verlas más suavizadas, más distanciadas", expresa la especialista.
- ¿El de la muerte es un tema poco abordado en la literatura infantil?
- En algunos libros está tratado, pero siempre metafóricamente. El artista suele encontrar una manera de darlo en una clave simbólica, de una forma que no sea tan brutal. Siempre me quedo pensando que los que más reparos tenemos en estas cosas somos los grandes, porque si vos te ponés a pensar, los cuentos tradicionales están llenos de historias de muerte, de separación o de violencia. Y aunque en su origen no eran cuentos para chicos, los chicos siempre fueron fieles a ellos. Mirá "Hansel y Gretel", a quienes sus padres abandonan porque no tenían para darles de comer. Yo nunca vi que un chico se pusiera a llorar por esa historia.
* Los libros ¿esperan? "Sí, esperan -dice Stapich-, pero es cierto que si vos terminaste el secundario y no te enganchaste con los libros y no tenés a nadie que te introduzca, es medio difícil, porque no hay muchos lugares donde te vayas a encontrar con gente que te preste libros o que te los comente, se va perdiendo el contacto. A mí me parece que nos empezamos a preocupar por el tema de la lectura cuando ya es muy tarde".
Por eso insiste en el rol de los padres y de los maestros, a los que llama "mediadores" en el proceso de la lectura. "Los que somos abuelos, papás, maestros, bibliotecarios... si no somos nosotros lectores la mediación no sirve, porque vos le podés decir al chico '¿por qué no leés?', pero eso tiene escaso valor si ellos no lo ven como una actitud nuestra, como algo que nosotros hacemos y valorizamos. Si ven que para el adulto es interesante sentarse a tomar sol con un libro, eso vale más que decirle que lean".

Enseñanzas

"Hijos de María Elena Walsh", así llama Elena Stapich a la nueva generación de escritores argentinos de literatura infantil, entre los que se encuentran Graciela Montes, Gustavo Roldán, Laura Devetach, Ricardo Mariño y otros. "Cada uno tiene su perfil, pero lo que tienen en común con Walsh es que se sacaron de encima la obligación de transmitir en sus libros enseñanzas o mensajes morales. Escriben con más libertad".
A pesar de que ganan espacio en el mundo (se los edita en varios idiomas), estos libros todavía no terminan de ingresar en el gusto de los padres. "Cuando van a elegir un libro en las librerías, los padres se inclinan por los personajes más tradicionales que por algo desconocido, porque tienden a querer encontrarse con los libros que tenían ellos cuando eran chicos", define.
- Dejando de lado la función moralizante, ¿qué objetivo persigue la literatura infantil?
- Creo que la función es la misma que tiene la literatura para los grandes, imaginar otros mundos, ponerte en la piel de otros personajes, divertirte, entretenerte, quizá en un punto emocionarte o hacerte reír o asustarte un poco, si te gusta ese género... deleitarte con una cosa bien escrita, con un lenguaje trabajado. Es decir, las mismas cosas que le pedimos los grandes a la literatura. Y con respecto al libro como objeto, que sea un libro bien pensado, bien diseñado.

Los clásicos

Además de todos los nuevos textos para chicos, el mercado sigue ofreciendo los cuentos clásicos: Pinocho, Peter Pan, Cenicienta, Caperucita Roja, Blancanieves y otros. "Ocurre que esos son materiales por el que no se paga derechos de autor, entonces cualquiera puede editar un libro con una versión de ellos y la pena es que muchas veces esas versiones son muy resumidas, o las historias se van perdiendo o son prácticamente irreconocibles", advierte Stapich.

  Foto La Capital
El material literario para chicos es cada vez más diverso.
 

 
 

 

 

 

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por Pablo Duville