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Una investigación que mide el comportamiento

Investigadoras locales revelan el mal estado nutricional de ancianos enfermos

El estudio determinó que una mayoría sufre inatención, dispraxia, agnosia y se alimenta sólo con estímulos verbales. Aconsejan a familiares y cuidadores utilizar prácticas correctas a la hora de asistirlos.
 
23.08.07

Cuando los abuelos enfermos no comen, revolucionan las mesas familiares. Esta preocupación también es moneda corriente en los ámbitos de las instituciones de asistencia geriátrica, donde juegan además otras variables.
Para estudiar tales conductas, que atentan contra la calidad de vida, se llevó a cabo una investigación científica para establecer el estado nutricional de muchos ancianos.
La iniciativa, propiciada por especialistas marplatenses, revela que la mayoría de los adultos mayores institucionalizados con trastornos cognitivos sufre de falta de atención, agnosia, dispraxia, se alimenta sólo con estímulos verbales, tiene dificultad para emplear los cubiertos correctos y un alto grado de dependencia hacia los cuidadores al momento de digerir semisólidos.
Esta investigación, liderada por Mónica Di Marco, Mónica Correa, Rocío Otero -entre otros- quedó seleccionada para presentarse en el marco del XI Congreso Argentino de Gerontología y Geriatría, a desarrollarse los días 30, 31, 1 y 2 en esta ciudad.
Los trabajos de campo se instrumentaron en cinco instituciones de Santa Teresita, Miramar y Mar del Plata, abarcando a una totalidad de 191 personas (119 mujeres y 72 hombres) que tienen patologías degenerativas como, por ejemplo, Mal de Alzheimer.
La coordinadora del grupo SEN (Salud, Educación y Nutrición), impulsor del proyecto, Di Marco, comentó que el propósito de los trabajos empíricos fue evaluar la conducta alimentaria en adultos con enfermedades mentales que residen en instituciones, mediante la escala de medición Blandford y determinar su utilidad en la prescripción dietética.
"Este grupo -agregó- se conformó hace unos meses. Comenzamos haciendo auditorías en comedores escolares y ahora diversificamos en otra tarea que es el estudio nutricional de los adultos mayores".
En su primera etapa efectuaron una descripción transversal en esas tres localidades desde la cual arribaron a que "los pacientes se alimentan mal, les falta atención, tienen dificultad para emplear bien los cubiertos y se alimentan con estímulos verbales o sea que es importante al momento de darle de comer al paciente, tener presente el tema de la mirada, la comunicación, entre otros factores importantes".
Para arribar a estos datos, se utilizó la escala de Blandford, que mide el grado de alteración alimentaria y la Minimental State, la cual supervisa el grado de deterioro cognitivo.
En este marco expresó la importancia de emplear estas técnicas para mejorar la alimentación del abuelo asistido. "La escala de Blandford -dijo- es una herramienta diagnóstica de fácil aplicación y resulta de gran utilidad. También es ventajoso su uso en favor de orientar y educar a los cuidadores y familiares acerca de las técnicas que deben practicarse a la hora de alimentarse".
Comentó que la muestra les pareció representativa y que el estudio es uno de los pocos que se hicieron focalizados en esta franja etaria, con alteraciones cognitivas.
Frente a este panorama señaló que "una crítica constructiva a la profesión es que sería importante ver las dietas procesadas que no están supervisadas por nutricionistas y que quedan un poco libradas al azar. Aunque en las instituciones que fuimos contaban con supervisación, habría que preguntarse qué sucede con el valor nutricional de estas dietas en aquellas residencias en las que el personal de cocina decide qué clase de alimentos procesar. Es notable la diferencia entre unas y otras".

En foco

Di Marco consideró además que la población argentina está en permanente crecimiento conforme al aumento de la expectativa de vida, motivo por el cual instó a no perder de vista a este grupo.
También aclaró que la presencia de trastornos alimenticios no significa que no tengan hambre, sino que no puede coordinar el acto de comer. "Debido a esta sintomatología, muchos de ellos suelen quedar insatisfechos o hambrientos porque los cuidadores pueden no llegar a reconocer estos signos propios del daño cognitivo y dejan de alimentarlo pensando que logró la saciedad, es a partir de aquí, entonces, cuando comienza a desencadenarse la cascada de nutrición", concluyó Di Marco.





 
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por Pablo Duville