Mar del Plata: sede de encuentros internacionales.
Charly García, en una charla amplia y distendida con LA CAPITAL
"Mar del Plata es importante para mí: acá nació Sui Géneris"
El legendario, el rebelde, el polémico, el genio musical, habló de todo y sorprendió: "En Mar del Plata nació Sui Géneris", evocó mirando al mar.
13.02.08
por Marcelo Pasetti .............................. mpasetti@copetel.com.ar
Acaba de observar por el ventanal de la suite del quinto piso a la multitud de turistas en la playa y se le escapa un "me encantaría estar ahí". Ya distendido, en un sillón, frente al grabador admite: "Mar del Plata es un pedazo bastante importante de mi infancia" y sorprende: "Acá nació Sui Géneris". Nada más y nada menos que una de las leyendas de la historia del rock nacional. "Acá fue donde una noche se fue el bajista. Eramos soportes de Pedro y Pablo y del Negro Jimmy, y el bajista nuestro se asustó y se fue. Al irse el bajista, el baterista quedó sin par y entonces debutamos como dúo con Nito Mestre. Hacíamos las mismas canciones que con los cuatro y la gente nos empezó a aplaudir, así que nos dimos cuenta que ese era el asunto. Así nació Sui Géneris, en Mar del Plata", relata para que quede en la historia su testimonio. Charly, una de las pocas personas del país a la que le sobra el apellido, está cómodo y tranquilo en Mar del Plata. Instalado en el Hermitage Hotel, y poco antes de estampar sus manos en la Vereda de las Estrellas, ante centenares de fans y un "enjambre" de reporteros gráficos, camarógrafos y periodistas algo habitual en su paisaje diario, acepta de buena gana una entrevista exclusiva con LA CAPITAL para hablar de la ciudad, de la fama, de la tecnología, de sus proyectos y de cine, un tema que lo apasiona. En la misma suite que supo ocupar Sandro, "con el loco hicimos cosas hermosas en este hotel", recuerda. Recién duchado y extrañamente, con una gaseosa light en su mano, Charly admite sentirse feliz en Mar del Plata. "Qué lindo que es estar en Mar del Plata, en alpargatas…" cantó y bromeó un par de noches antes en el recital del Roxy y parece no mentir. Atrás quedó el almuerzo -rabas y sopa- y la película vista por enésima vez en un televisor gigante. Elogia la pileta del hotel, en la que nadó hace una hora ante la sorpresa de un par de turistas y la súplica de uno de ellos, "por favor, no te tires desde la ventana", se animó a decirle el visitante. Y se desparrama en el sillón blanco para confesar que "antes la música era también una forma de ganar dinero, pero ahora creo que el dinero parece ser lo más importante. Y se mide el talento o la relevancia de los músicos por el dinero que ganan", se lamenta. Su asistente Marcos, sentado sobre la alfombra, lo escucha atentamente. "Ahora suena todo más o menos igual", dispara, y lo explica: "La clase de tecnología que se empezó a usar para grabar, facilitó que mucha gente que no sabe música, que no tiene una inspiración notable, lo haga". Se ríe con ganas cuando recuerda las "huidas" sin pagar de algún restaurante marplatense, con su ex esposa María Rosa Yorio. Cuenta que de chico, en esta ciudad, descubrió la citarina, que se convirtió "en el primer instrumento que toqué", y no reniega de la presión que significa no poder dar un paso en la calle sin que le pidan un autógrafo o una foto. "Hay mucha gente, muchos artistas -confía a LA CAPITAL- que apenas son algo famosos ya se ponen fóbicos del público. Yo, como fui famoso de a poco y de chico, pienso distinto", marca la cancha. Se entusiasma al hablar de cine dice que Stanley Kubrick es su director preferido, y reseña que "Lilly", con Leslie Caron fue "la primera película que me aterrorizó", lo vuelve a ligar con la música y sentencia: "Desde los '40 hasta los '70, incluso un poco de los '80, los discos eran la fotografía de la realidad auditiva. Ahora, los discos son la fotografía de la fotografía". Y a propósito de fotos, el humor le cambia cuando en los recitales lo apuntan con una nube de celulares. "Fijate vos la diferencia que hay entre estar tocando y tener gente sin nada en la mano, que está mirando, copada y qué sé yo, y un tipo que está ahí con su telefonito... Me hace sentir muy monito de circo. Además, comparto esa idea de que la foto te saca el alma", dice y uno recuerda que en su recital marplatense "robó" dos aparatitos de los de la primera fila y los destruyó sobre el escenario. "¡Aunque sea, que me saquen con una cámara de fotos y no con un telefonito!", exclama para dar paso a la carcajada. Charly, el talentoso, el del oído absoluto, el que desde hace tres décadas le pone letras y música a millones de argentinos, el polémico, el "divo", el innovador, el chico en cuerpo de grande, tiene la palabra. - Nuevamente en Mar del Plata. ¿Qué significa esta ciudad para vos? - Es un pedazo bastante importante de mi infancia. Significa una carpa en la Bristol o por ahí, haber descubierto la citarina, que fue el primer instrumento que toqué, un choque con los autitos en la Plaza Colón, mi tío "Chucho", pintor, un abuelo que no conocí que parece que tenía algo que ver con el Torreón, Nito Peralta Ramos, la San Martín... Mar del Plata siempre fue un lugar que lo sentí como muy mío. Tengo además muy buenos recuerdos de este hotel. - ¿Pero venías de chico a veranear? - Sí, sí, sí... Veníamos siempre. Me acuerdo que un día mi mamá pretendía alojarse en el Torreón porque lo había construido mi abuelo, o algo así. Le explicaba al portero del Torreón y el tipo la miraba con una cara...(risas). Y después, muy importante para mí fue el nacimiento de Sui Géneris. Acá fue donde una noche se fue el bajista. Eramos soportes de Pedro y Pablo y del Negro Jimmy, y el bajista nuestro se asustó y se fue. Al irse el bajista, el baterista quedó sin par y entonces debutamos como dúo con Nito Mestre. Hacíamos las mismas canciones que con los cuatro y la gente nos empezó a aplaudir, así que nos dimos cuenta que ese era el asunto. Ahí nació Sui Géneris, en Mar del Plata. Ojo, al principio, con Sui Géneris, nos tiraban de todo. Te hablo de cuando éramos un grupo eléctrico. Acá en Mar del Plata, creo que en el teatro Diagonal si no me equivoco, hicimos una temporada con "Huinca", que era un grupo de Litto Nebbia, y ahí fue cuando vimos que venía bien la cosa, no lo podíamos creer. Nos matábamos haciendo arreglos y parece que los arreglos eran el problema. - ¿Era en la misma época en que comían en bodegones y se iban sin pagar, como alguna vez contaste? - Yo me fui corriendo pero no de un bodegón. Nos fuimos de un restaurante bastante bueno (risas). Me acuerdo que estábamos con María Rosa (Yorio) y pedimos la entrada. Y como ya con la entrada estábamos satisfechos, pum, nos fuimos sin pagar. Corríamos y había un cubo con tierra, una construcción o algo así, y saltamos y zafamos. - Recién mirabas por la ventana y decías "qué bueno sería estar ahí con la gente". Es increíble el cariño que te tiene el público. Sigue vigente ese respeto y uno ve a gente de distintas generaciones clamando por una foto, un saludo...¿Lo sentís como algo difícil de sobrellevar? -Yo tengo responsabilidad y hasta orgullo de muchas cosas que pienso que ayudé a crear, o detalles de mi personalidad o de mi ideología, o de la ideología de mucha gente, que de alguna manera la pude insertar. Pero tampoco, digamos, me siento demasiado abrumado por eso. Hay mucha gente, muchos artistas, que apenas son algo famosos y ya se ponen fóbicos del público, y todo eso. Yo como fui famoso de a poco y de chico pienso distinto. - A lo largo de tu carrera, de tu trabajo, hubo mucha transpiración, mucho estudio, mucho ejercicio... Hoy no pasa, parece que no es tan así en el panorama musical. ¿Coincidís en que hasta parece más fácil llegar? - Pienso que la clase de tecnología que se empezó a usar para grabar facilitó que mucha gente que no sabe música, que no tiene una inspiración notable, lo haga. Si desafinás te afinan, si le errás a la batería, te ponen el tiempo. Eso hace que todo suene más o menos igual. Se ha perdido mucho del espíritu de la música. No solamente en el estudio de grabación. Antes la música era una forma de ganar dinero, pero también muchas cosas más. Ahora creo que el dinero es lo más importante: se mide el talento o la relevancia de los músicos por lo que ganan. Antes era "¿tiene algo que decir?", "¿es interesante?"... De todas maneras, creo que se puede usar la tecnología de una forma distinta. Mirá, te lo voy a explicar. Yo hago este último disco, "Kill Gill", que no termina nunca, usando la computadora como si fuera una película de stop-motion, o sea "King Kong", por ejemplo, que era un muñeco que lo movían cuadro por cuadro. Con el Protom, en la música, se puede hacer eso. En vez de usarlo como algo creativo, como algo que pueda llevar a la música a un estado fantástico, en el sentido de efectos especiales, etc, se usa a la tecnología más que nada para corregir la mediocridad. Voy poco a ver a otros grabando pero me doy cuenta que es una cosa muy standard. - Y en tu caso se te ve disfrutar más cuando hay "tracción a sangre". El otro día, en el recital de Mar del Plata se te notaba feliz con la guitarra, con el rock and roll puro... - Es verdad, pero no reniego de la máquina. Creo que lo que mejor me sale es la unión entre ambas cosas. Como en "Clics Modernos", como en "Kill Gill", donde incorporo DVD. Veo DVD y con el "AV" hago una especie de loop y meto a Hitckcock. Lo meto como textura... O sea, es otro tipo de aproximación a la música, pero no está reñido con lo otro. Te hago si querés una canción sentimental, y le pongo algo que por ahí es un ruido, pero no lo es. Por ejemplo, la música que hace Marilyn Manson... A mí no me gusta mucho, pero reconozco que tiene que ver con el ruido hecho música. Los ruidos naturales, las bocinas, los autos, la gente gritando... Todo eso es música, y parece que ahora podés hacer collage más fácilmente que antes, pero eso no quiere decir que el espíritu musical se mantenga bueno. Parece que ahora la alta fidelidad murió. Antes la gente se mataba por buscar la alta fidelidad. Desde los '40 hasta los '70, incluso un poco de los '80, los discos eran la fotografía de la realidad auditiva. Ahora los discos son la fotografía de la fotografía. - ¿Cuánto ha influido el cine en tu vida musical? - Todo. Ahora más que escuchar discos veo películas, y las veo muchísimas veces. Me gusta mucho ver cómo están hechas y creo que una buena película te da muchas más cosas que un tema musical. Yo haría películas, me encantaría, pero es demasiada gente... Admiro mucho a Stanley Kubrick. - ¿Pero lo del cine viene de grande o ya desde pibe? - De chico. Hoy le contaba a una amiga que la primera película que me aterrorizó fue "Lilly", con Leslie Caron. La primera canción que aprendí fue "Lilly" y me agarró una especie de terror a los muñecos por esa película (risas). Sí, veía mucho cine. Me acuerdo que cuando veía las cosas de la guerra, de los nazis, me impresionaba muchísimo. Me parecía la película "Metrópolis", no entendía muy bien qué pasaba. De alguna manera, algunas de esas técnicas están... El brazalete, por ejemplo (se refiere al signo de "Say no More") y no es por una cuestión ideológica. Y después hay caprichosidades. Ayer estaba viendo un recital de Freddy Mercury donde dijo una de las reglas "Say no More": una estrella de rock jamás se ata los cordones de los zapatos, y esto lo comenté en el recital de Mar del Plata. Frank Sinatra prohibía bostezar en su presencia... - Y Charly García estalla cuando se le paran cerca del escenario a sacar fotos con los celulares... - Es horrible. Fijate vos la diferencia que hay entre estar tocando y tener gente sin nada en la mano, que está mirando, copada y qué sé yo, y un tipo que está ahí con su telefonito... Me hace sentir muy monito de circo. Además, comparto esa idea de que la foto te saca el alma. No sé si te saca el alma, pero lo que te hace, además de distraerte y distraer a la gente, es inmovilizarte. Cada vez que te sacan una foto uno posa y te pone más duro, no sé. ¡Aunque sea que me saquen con una cámara de fotos! Fijate los recitales gigantes, en donde todo el mundo en vez de sacar el encendedor saca el celular y qué sé yo. Se parece mucho a "Un mundo feliz" (novela de Aldous Huxley) - Sos un músico que siempre está innovando. ¿En qué estás trabajando? - Estoy terminando "Kill Gill", que me parece que ya es un disco no de ficción sino de verdad. Devino en una especie de "A sangre fría". O sea, todo lo que me fue pasando, las vallas que ha tenido este disco, que me lo hayan puesto en Internet... Algunos fans dicen que no lo van a comprar por lealtad hasta que yo lo saque. Hay un chiste que dice "¿qué es lo peor que le podés decir a un pintor?: ¿está terminado?". En vez de volverme loco, deprimirme y decir "no lo saco" pensé: "¿Y si trabajo sobre el inconsciente colectivo?". Ahora la gente que tiene Internet lo saca, lo baja, qué sé yo, y ya con la idea que tienen se las puedo cambiar. Incluso quiero usar cosas de la realidad. Por ejemplo, para mí empieza el disco cuando yo le doy un cachetazo a un paparazzi y termina cuando me pegan una piña a mí. Tiene que ver con "Kill Bill" (film de Quentin Tarantino), con el monje que saluda a otro y no es contestado el saludo y va y mata a todo el mundo, y todas esas cosas. Tomarse tiempo está bueno, y cuanto más conocés el disco es como que lo podés hacer mucho mejor. - La última: hiciste referencia al libro "A sangre fría". Truman Capote escribió aquello de que "cuando Dios te da un don, también te da un látigo, y el látigo es únicamente para autoflagelarse"... ¿Te sentís un tipo feliz actualmente? - Sí... Me compré un látigo buenísimo (risas).
Foto La Capital Charly con LA CAPITAL. Distendido y de buen humor, habló de los recuerdos de su infancia en Mar del