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En una entrevista exclusiva entregada a LA CAPITAL, el diputado nacional Felipe Solá aseguró que votó en contra del Gobierno para que "cambiaran las cosas". Aunque criticó duramente a Néstor Kirchner, alertó sobre el "antikirchnerismo".
Felipe Solá acusó ayer al Gobierno nacional de "ideologizar" a un punto extremo el conflicto con el campo y a Néstor Kirchner de emplear un "lenguaje guerrero setentista" que la gente común no comprende.
Aprovechando su visita a Mar del Plata para encabezar una charla organizada por la Asociación Civil de Estudios Populares (ACEP) titulada "Instituciones y Estado de Derecho", LA CAPITAL obtuvo una entrevista exclusiva en la que el ex gobernador bonaerense recorrió extensamente todo su pensamiento sobre el momento actual.
"El tema de la institucionalidad como título de mi charla no sé... habría que hablar del prestigio y respeto de un país, porque suena aburridísimo. Como si viviéramos en Suiza... Un exceso de institucionalidad es que a la gente le importa un rábano lo que pasa en el Parlamento, por ejemplo", comentó Solá.
- Precisamente, ¿la prédica del peligro de la institucionalidad que se hizo en el último tiempo desde el Gobierno pudo ser contraproducente por ello de que un exceso de institucionalidad genera distancias, falta de compromiso?
- Una institucionalidad mal entendida generaría distancia y un enfriamiento en el sentido de la política. El sentido vital y trascendente que tiene que tener la política como yo creo que necesita que tenga en la Argentina. En realidad lo que se cuestionaba no era la institucionalidad sino la posibilidad de esa idea... "Este gobierno no me gusta, lo cambio" o "se tiene que ir para que venga otro". Lo que se denunciaba es esa idea de que los plazos los puede acortar la gente y cuando digo la gente digo la gente que protesta... Que puede acortar los plazos... Esta idea sí sería una idea destituyente o dicho con una palabra más clásica, golpista.
- ¿Usted cree que eso existió durante el conflicto del campo?
- Creo que siempre hay un porcentaje alto, de un 20 por ciento, en Argentina que no reaccionaría frente a un golpe si lo hubiera, aunque fuera un golpe civil, y que tiene un fascismo a flor de piel o abajo de la piel. Y que tiene intolerancia total a que los gobiernos que no votaron hagan lo contrario a lo que desea. Pero eso estuvo siempre presente, en algunos conflictos aparecen, y en otros se disimulan, no saludamos, nos damos la mano... no se los ve. Esa gente, que no es mayoría, está y se mueve, y si un gobierno que es transformador y provocador a la vez, entra en un conflicto como este, obvio que va a aparecer.
- ¿Y esa gente puede que se apoye en ciertas conductas oportunistas?
- Ya sabemos que es así. Pero antes tenían el partido militar, no digo el ejército, digo el partido militar. Ahora no. Entonces ahora podrán ocupar algún medio, no los medios, algún medio... no sé. Por lo demás hay que darse cuenta de que el poder político real de la sociedad tiene una suerte de división, no es uno solo. No es lo mismo el campo, los medios concentrados, la industria o el sector financiero. Pueden juntarse o no juntarse, pero no es lo mismo. Y gobernar es saber que no es lo mismo. Entonces en la Argentina de los últimos tiempos ha habido una ideologización extrema a raíz del conflicto que ha llevado a pensar... "nosotros o ellos", juntando en el "ellos" a todo aquel que no estaba de acuerdo con el gobierno de Cristina Kirchner, o de Néstor Kirchner. Cuando ese "ellos" es muy heterogéneo. Pueblo o antipueblo, pueblo u oligarquía, definiciones binarias que no ayudan a entender la Argentina y menos a resolver un problema tan grave como este. Ayudan en cambio a dividir, ayudan también a tener mística para militar, pero es una mística basada en un falso diagnóstico.
- ¿Esas divisiones, acentuadas por el Gobierno, fueron lo más grave del manejo político del conflicto?
- Lo que me parece más grave es que son definiciones o dualidades maniqueas que ha tenido también el antiperonismo durante mucho tiempo, en frases como "este tipo inteligente no parece peronista", han llevado a la rusticidad como forma de gobierno. El paso directo del pensamiento ideológico a la acción directa que puede ser una resolución, un decreto a la gente en la calle. En el medio están los actores, los sujetos sociales, que tienen que ser objeto de negociación, en el medio está la política. No se puede pasar de la ideología a la acción directa sin pasar por la política, sin saber cómo implemento, cómo negocio. La impresión que da es que desde hace dos meses hasta la finalización del tema del Congreso se vivió una actitud de acción directa en la calle, diciendo quién era el bueno y quién el malo, dónde estaba la vida y dónde la muerte, y ya se ve que esto no es la muerte... Se perdió algo y no es la muerte.
- ¿Esa cuestión binaria, maniquea del gobierno, es en esencia lo que lo alejó?
- Sí. Me alejó cuando vi que la política no tenía espacio, que solamente en este gobierno la política era ocupar un puesto de lucha y hacer la venia, que opinar era retrasar la acción directa, que dudar estaba prohibido, era de tibios y que no había espacios para tibios. Que no había espacio para tibios y a veces hay que tener más coraje para asumir la tibieza o la moderación que vestirse con ropaje de amigo o enemigo. Me alejó también el hecho de que empecé a escuchar un lenguaje para entendidos, para militantes que habían atravesado los '70, que habían leído a Scalabrini y a Jauretche, y que creían en la unidad de América Latina y en el bloque latinoamericano de los Pueblos y que creían en cosas que son muy profundas pero que son todas elaboradas. Esto forma parte de un cuerpo ideológico elaborado que no es patrimonio del pueblo argentino, sino de los argentinos más lúcidos y afuera empezaba a quedar la gente común. Yo no creo que sea mejor o peor que la militancia, sólo que empezaba a quedar afuera, a no comprender ese lenguaje guerrero del presidente (Kirchner, del PJ) el día 15. Una gran mayoría de personas no lo comprendió porque veía el conflicto con el campo entre gente que le iba muy bien, que trabajaba mucho, que tenía las manos cayosas y tiene boina (porque los oligarcas no aparecen, aparecen los chacareros) y del otro lado un gobierno empecinado en una medida fiscal. Que era una mala lectura, pero el gobierno ayudó a que se asentara esta lectura desde los medios y la batalla estaba perdida... El Gobierno perdió 30 puntos de imagen e insistió en cerrarse en ese lenguaje, en esa mirada binaria sobre la vida argentina.
- ¿En esa tozudez o empecinamiento, usted cree ver cierto anacronismo, que el Gobierno se quedó en un contexto histórico lejano?
- Hay una distancia entre lo que para mí debe ser un reacomodamiento de un movimiento como el peronismo y los que lo acompañan y ese lenguaje setentista que los lleva hasta, a lo mejor, estar unidos con aquellos con los que hubo una guerra interna... con la CGT, con las 62, el sindicalismo tradicional... Me parece que esa distancia puede mostrar un anacronismo porque han pasado 35 años y ha habido un cambio tecnológico muy grande... lo cual no quiere decir que haya un país más justo... La necesidad de ser un país más justo tiene que ser el centro de lo que busca un peronista o alguien que tenga una conciencia nacional. Por eso yo puedo votar en contra, pero no me van a llevar nunca hacia el lado de "primero hagamos la torta y después pensemos cómo repartirla", porque la torta siempre está.
- Recientemente el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, pidió una autocrítica del PJ. ¿Qué es el PJ hoy?
- El PJ es lo que quiere ser desde el momento que Kirchner fue poniendo los congresales nacionales a lápiz para que después fuéramos al congreso nacional y lo eligiéramos a Kirchner jefe partidario. A mí me parece que Kirchner es el líder peronista más importante que hay, que sólo quedan líderes provinciales y algo más antiguos. Nadie puede negar el liderazgo de Kirchner. Pero no es el mismo Kirchner...
- ¿Cómo es eso?
- El llegó con una crítica muy fuerte a lo que llamó el "pejotismo", es decir un partido político más que cuando le convenía tenía un lenguaje movimientista pero a la hora de gobernar era un partido burocrático, cerrado, un club de amigos... como el partido justicialista de la provincia de Buenos Aires, que ni siquiera son amigos... El llegó y llevamos una fuerte batalla contra el pejotismo, por lo menos así lo creí yo en el 2005, por abrirnos a los movimientos sociales, por incorporar la transversalidad, por hacer que muchos peronistas que no eran justicialistas se sintieran parte del partido... Triunfamos en esa batalla electoralmente, por afuera, pero después de ese triunfo Kirchner se fue para atrás y empezó a tejer una red más de resistencia que de avance, una red con la que busca ser contenido.
- Usted en el 2005 tuvo que optar y se decantó por Kirchner en perjuicio de Chiche Duhalde...
- Yo pienso que para ser senadora Cristina Fernández era más representativa de la realidad que vivíamos que Chiche Duhalde. Con esa definición del 2005 el duhaldismo se puso en contra y después intentó que yo fuera un gobernador títere, y ahí no aguanté más y provoqué una ruptura de la que se me acusaba mucho pero sin la cual hubiera sido un títere total del duhaldismo. Pero el resultado no fue el esperado, o mejor dicho, las consecuencias no fueron las esperadas...
- La dinámica de la política hace que hoy se lo vea nuevamente cerca a los Duhalde, ¿cómo analiza esto?
- Duhalde es un polo de referencia para todo el peronismo que se siente herido, que ha quedado afuera. Se mezclan menemistas, duhaldistas, rodriguezsaístas, etcétera. Lo que creo es que si no hay una definición bien clara de qué país y qué estilo político quiere tener ese sector, lo único que va a ser es un sector que de manera oportunista quiera aprovechar la debilidad del kirchnerismo.
- ¿Tras la derrota en el Congreso, el Gobierno salió debilitado?
- A mí me parece que lo que ocurrió en el congreso le devolvió a la gente la posibilidad de pensar que hay instituciones que le pueden decir que no al poder concentrado. Que le puede poner un freno o un límite. Sin que esto signifique mermar la capacidad de gobernar del poder concentrado, o del poder. Yo no quiero mermar la capacidad de gobernar del Gobierno, pero sí creo que cuando un conflicto lleva 120 días y venimos perdiendo frente a la opinión pública claramente, tenemos que cambiar. Mi voto por el No fue un voto para que cambiaran las cosas, no porque quise adherir a los sojeros, yo no negocié nunca con las entidades agrarias. Estuve anteanoche con ellos y le dije todo lo que pensaba. Mi objetivo estaba en cambiar las cosas y la actitud que tenía el gobierno. La gente creo que ha visto una mejora en la calidad.
- La oposición se fortaleció y se sostiene por ahí que nada mejor para la democracia que una oposición fuerte...
- Yo creo que cuando un gobierno es fuerte, la oposición puede decir cualquier cosa porque total no lo voltea. Cuando un gobierno es débil no se puede decir cualquier cosa. Las cosas que le decían a De La Rúa no son ni por asomo las que le dicen al kirchnerismo, por eso más allá de los enojos que pueda generar este gobierno, hay que ir a acostarse a la noche y saber que por suerte la Argentina tiene un gobierno que podrá no ser muy popular en este momento pero es fuerte. Que te permite criticarlo...
- ¿Es verdad, hubo críticas realmente fuertes, pero no le parece que el Gobierno las utilizó desmedidamente para insistir sobre el clima destituyente?
- En algunos casos algunos tipos mostraron la hilacha golpista, destituyente. Lo que no había que hacer era victimizarse con eso. Mucha gente que pensaba ese tipo de cosas, seguramente aplaudió el golpe del '76 y se hizo el tonto, y esa gente está, pero el gobierno exageró con la victimización. El gobierno cansó al pueblo con la victimización.
- ¿Qué le reconoce al proceso Kirchner?
- Le reconozco muchas cosas, la recuperación de la una Argentina soberana, la recuperación de la Justicia 30 años después de un genocidio realizado por el Estado, eso por más que suene insistente es así. También una buena administración durante los primeros años. Pero en todo gobierno lo que es cualidad se puede transformar en defecto. Entonces la fortaleza que tuvo Kirchner en concentración de poder e ingresos, y debilitamiento de las provincias, tiene límites. El gobierno de Cristina tiene que emprender esa agenda de cambios compuesta por una mayor descentralización, una mayor delegación de poder y algo que siempre estuvo ausente en el gobierno, una mayor confianza en los demás.
- ¿Se le fue la mala sensación de escuchar la palabra traidor en el Congreso?
- Existe la traición.. existió Judas... existe la traición... pero llamarle traición a algo que no sale como uno quiere, es de perdedor.
- ¿Se va del bloque oficialista?
- El bloque todavía no se ha vuelto a reunir así que no puedo saber dónde estoy...
- ¿Que piensa del voto de Cobos?
- Respeto las decisiones tomadas por quienes analizan previamente las posibles consecuencias y se hacen cargo de ellas.
"A Cheppi le tienen que dar poder"
Sobre el nombramiento de Carlos Cheppi al frente de la Secretaría de Agricultura: "Tiene muy buena base técnica, trabajó muy bien con nosotros para los pequeños y medianos productores en un cambio rural cuando era muy difícil hacerlo en la época del 1 a 1, sabe formar parte de un equipo. Es un buen nombramiento. Pero Cheppi debe darle su marca personal a la forma de negociar con el sector agropecuario. A mí me parece que comete un error al citar de a una a las entidades cuando hace cuatro meses que viven un proceso de unificación fuertísimo. A Cheppi hay que darle poder y algo más, para que además de tener buenos cuadros técnicos que se perdieron, y bajo su mando la ONCA, que no puede ser un organismo aparte porque cualquier regulación de la ONCA de tipo administrativo destruye el espíritu de una política agropecuaria".
Sobre el alejamiento de Alberto Fernández: "Con Fernández se va un hombre de altísimo nivel político, ejemplificado como una gran capacidad para ser hombre de estado. Fernández no tiene una gran experiencia como un hombre que se busca sus votos, pero sabe mucho como hombre de estado, tiene un tacto y una sensibilidad muy especiales. Massa es mucho más joven, tiene mucha fuerza, es muy buen administrador, inteligente, brillante, y lo que tendría que hacer es adquirir en mayor medida que antes una gran capacidad de servicio, porque el jefe de Gabinete está todo el tiempo sirviendo".
Sobre el oportunismo político de la oposición: "Creo que si alguien quiere participar en el peronismo, que no es necesariamente en el partido justicialista, o desde cualquier lugar debe estar muy prevenido en su anti-kirchnerismo. Si está enojado con el gobierno y quiere ponerle freno debe estar muy prevenido de no caer en cualquier cosa, o en facilismos que nos lleven a olvidar la Argentina que tuvimos y las cosas que pasaron. Que nos lleven a olvidar el final del 1 a 1, el 2001, los grandes olvidos argentinos de no tener memoria, no hacer justicia... Prevenido de esas cosas, vacunado contra esa tentación de decir cualquier tiempo pasado fue mejor, sí se podrá hacer libremente hacer la crítica del gobierno. Temo que ser antikirchnerista pase a ser muy fácil y que valga todo".
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