| | El escrache, un método antidemócratico, que algunos descubren ahora
por Hugo E. Grimaldi (*)
| | | | | 13.05.08 | | El diputado Agustín Rossi se ha sentido ultrajado, con toda razón, por el escrache que le hizo un grupo de ruralistas frente a su casa, en Rosario. No cabe otra cosa que solidarizarse con él, por su investidura, pero por sobre todo por su calidad de persona. En este aspecto, el legislador kirchnerista no ha recibido más que apoyos de todos los que creen en el diálogo como forma de síntesis política, debido a la falta de tolerancia extrema que ha debido padecer él y su familia. Tiene razón Rossi y todos los que han salido en su defensa, aunque algunos menos avisados parecen desayunarse ahora mismo: la metodología del escrache es de lo peor que se conoce. Suma condimentos de delación, burla, presión sicológica y agresión física, generalmente expuestos a los medios para darle mayor trascendencia. Muchos programas de televisión, seudoperiodísticos y de fácil humor, aplican el mismo principio de ridiculizar para abochornar. La cuestión es avergonzar al escrachado, descalificarlo aún ante quienes lo aprecian y humillarlo para no darle derecho a la defensa y evitar que exprese sus ideas, sin que pueda confrontarlas con racionalidad. El escrache, en fin, apunta a la destrucción del personaje y lleva a que éste tenga que salir a demostrar que es inocente. Esta metodología, que a la corta o a la larga desemboca en la violencia, ha sido seguida más de una vez por muchos compañeros de bancada del diputado Rossi en la propia Cámara Baja, donde él preside el bloque del Frente para la Victoria. Muchos discursos de atril han ido por el lado de las referencias laterales en el mismo sentido, Luis D'Elía ha sido su cultor más visible en la calle y organismos de derechos humanos y grupos piqueteros la usaron a discreción. Hasta los asambleístas de Gualeguaychú arremetieron contra Buquebús, los camioneros acaban de hacerlo contra Loma Negra y los muchachos de La Cámpora se la aplican a "Clarín". Tanto como no hay cortes de ruta buenos y cortes malos, tampoco hay escraches de uno y otro signo. Son todos abyectos y criticables y no importa quien los reciba para repudiarlos, cada vez que las ideologías le quieran hacer una zancadilla al diálogo plural y democrático.
(*): DyN.
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