 | | | Sus familiares apoyan la decisión
Una enferma terminal pidió que la dejen morir y la justicia la autorizó
Una mujer que padece una enfermedad terminal, pidió que -cuando se encuentre en estado irreversible- no la sometan a prácticas médicas que prolonguen infructuosamente su sufrimiento. La justicia hizo lugar.
| | | | | 23.08.05 | | Un juez de Mar del Plata hizo lugar al pedido de una paciente que padece una enfermedad terminal progresiva, para que -llegado el momento en que el deterioro de su sea irreversible- no se le realicen prácticas médicas cuyo único objetivo serían mantenerla con vida a costa de prolongar su sufrimiento. Si bien rige el más absoluto hermetismo sobre la resolución judicial, pudo saberse que la mujer afectada de la cruel dolencia está casada y tiene hijos que estudian en la Universidad local. Fuentes extraoficiales indicaron que la mujer adoptó tal decisión con total conciencia y en pleno estado de lucidez. También pudo saberse que sus familiares avalaron la decisión de que no la sometan a complejas prácticas médicas para mantenerla con vida a cualquier costo. Esos mismos argumentos éticos y humanos, sustentados por la doctrina y la poca jurisprudencia que existe al respecto, serían los que llevaron al magistrado a aceptar la voluntad de la mujer. Para asegurar que la decisión se respete, principalmente a partir de que se acelere el progresivo deterioro de su salud, su voluntad fue plasmada ante un escribano.
El caso Schiavo
Quizá una resolución de esta magnitud permita que, llegado el momento de cumplirla, se evite llevar el tema al terreno de las más encendidas polémicas, como sucedió en los Estados Unidos con el meneado caso de Terri Schiavo, cuando la decisión de no continuar manteniéndole la vida en estado vegetativo, debió ser tomada por los propios familiares de la enferma y corroborada por la Justicia. En aquella oportunidad, la disyuntiva entre preservar la vida bajo cualquier condición, y no permitir su continuidad cuando ello signifique una existencia indigna para todo ser humano, dividió a la opinión pública, primero norteamericana y después mundial. Tal antecedente podría también marcar el preludio de una discusión que también se originaría a partir de que se conozca el caso. La diferencia está en que la propia paciente, con la anuencia de un juez sensible a los problemas humanos, fue quien resolvió que morirá como vivió siempre: con dignidad.
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